domingo, 27 de febrero de 2011

Por el camino del Agia







Los primeros pasos.



Los arroyos y las Madres se unen. Ruinas del molino Feliche y calzada al fondo.













El agua de las quebradas del cerro de Los Molinos va dejando despacito a través de numerosas fuentes y acequias numerosos surcos de agua, manantiales que en otro tiempo alimentaron con su fuerza y persistencia los molinos de harina que se asentaban cerca de ellos, Molinos primeros, Feliche, Mísqueres ...
Es un agua limpia, rápida y culebreante, que van llenando las Madres camino del río Dúrcal, buena y fresca de beber, de riego para los cultivos, de hábitat de ánades y anfibios, de poco a poco, con la paciencia de los muchos, muchos años ir formando la Laguna y ese subsuelo negro de turba que le da ese color característico al tarquín que ya por el camino se nota por los fondos de las aguas.
El espacio es para todos, agua, turba, ánades, cultivos, personas, todos tenemos nuestro espacio, sólo quizás un poco de buena voluntad. La rentabilidad económica es importante, la naturaleza también, los animales y las plantas imprescindibles, las personas, personas... mucho más.




Laguna del Agia en la turbera y paseo hasta allí.













Las madres van cogiendo agua de todos los arroyos.


Agua, ánades, turba, vega, árboles, monte, canteras...
y .... Padul.





....Y cultivos también.

martes, 8 de febrero de 2011

La leña para San Sebastián




























Los diecinueve de Enero y por la tarde son en Padul un poco especiales, allá que salimos todos, casi en desbandada a los montes más cercanos y lejanos en busca en busca de esos pequeños tesoros ya sean tomillos, aulagas o salados para quemarlos por la noche o al día siguiente al paso del Santo.
Son lumbres grandes, lumbres de calentar, de asar "papas", de olores que tonifican las calles, de humo blanco que se confunde en la niebla de la Laguna, de vaso de vino, de trago en bota, de chorizo a la brasa y de la lumbre, esencial el diecinueve, imprescindible el veinte ya con la ropa de vestido nuevo y es que un poco de olor a humo en San Sebastián se perdona. Este año fuimos al monte, un poco de vino, tomillos y aulagas aunque pinchen pero sólo un poco, desde el monte el pueblo en la falda del Manar... esperando.